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Paradoja chilena: etiquetas que advierten, cifras de obesidad que alarman
La paradoja chilena: etiquetas que advierten, cifras de obesidad que alarman

Compartimos la columna publicada en El Mostrador por el Dr. Andrés Glasinovic, miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida (SOCHIMEV) y docente de la Facultad de Medicina de U. Andes, quien reflexiona sobre las causas estructurales del aumento de la obesidad en Chile y los desafíos que enfrenta el país para avanzar hacia políticas de prevención más integrales.

Chile vive hoy una paradoja sanitaria. Pese a haber sido pionero en la implementación de la Ley de Etiquetado de Alimentos y contar con uno de los sistemas de salud más robustos de la región, el país encabeza la prevalencia de obesidad en Sudamérica, alcanzando un 39% en la población adulta según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2022).

Así lo plantea una reciente columna publicada en El Mostrador, con motivo del Día Mundial de la Obesidad, donde se analiza cómo esta contradicción se refleja diariamente en la práctica clínica. Diabetes tipo 2, hipertensión, dislipidemia, dolor osteoarticular y trastornos de salud mental asociados son parte de las consecuencias que hoy enfrentan miles de personas en sus consultas médicas.

El texto recuerda que la política de etiquetado logró importantes avances en materia de información al consumidor y reformulación de productos. De hecho, investigaciones como el estudio de Taillie publicado en PLOS Medicine evidenciaron una disminución en la compra de bebidas y cereales azucarados tras su implementación. Sin embargo, estos cambios no han sido suficientes para revertir la tendencia creciente de obesidad.

La explicación, sostiene el autor, radica en que la obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial. Si bien la normativa permitió mejorar la información disponible para las personas, no modificó el entorno obesogénico ni las desigualdades sociales que influyen en las decisiones cotidianas relacionadas con la alimentación, la actividad física o el descanso. Tampoco transformó completamente el modelo de atención sanitaria, que en muchos casos continúa limitado a recomendaciones generales y controles esporádicos.

En este contexto, factores como el estrés crónico, la privación de sueño y la falta de redes de apoyo adquieren un rol central. Estas condiciones afectan la regulación hormonal del apetito, favorecen el comer emocional y contribuyen a la acumulación de grasa visceral. Estudios internacionales de referencia, como Look AHEAD y el Diabetes Prevention Program, han demostrado que las intervenciones integrales, con seguimiento frecuente y equipos de salud capacitados, logran descensos de peso clínicamente significativos y mejoras metabólicas sostenidas.

Frente a este escenario, la Medicina del Estilo de Vida propone un enfoque intensivo, integral y continuo para abordar la obesidad. La evidencia científica respalda intervenciones que incluyen patrones de alimentación basados en plantas y granos enteros, actividad física regular que incorpore entrenamiento de fuerza, manejo del estrés, sueño reparador y fortalecimiento de redes de apoyo.

Tal como plantea la columna, la prevención de la obesidad basada en estilos de vida y en los determinantes sociales no debe entenderse como un gasto, sino como una inversión con retorno sanitario y económico comprobado. Cada recurso destinado a este desafío contribuye a reducir el costo futuro de sus complicaciones y a mejorar la calidad de vida de la población.

Visite columna completa en el siguiente link