
Hábitos saludables podrían tener un rol protector frente a la depresión en adultos chilenos
Durante el Congreso de Psiquiatría, Neurología y Neurocirugía (SONEPSYN 2025), las doctoras Amanda Carrasco Navarrete, Claudia Frutos Díaz y Constanza Caneo Robles, miembros de SOCHIMEV, presentaron los resultados preliminares del estudio “Estilo de vida y depresión en población adulta en Chile: un estudio transversal basado en la Encuesta Nacional de Salud 2016–2017”.
El trabajo, que analizó los hábitos de 4.869 personas adultas, exploró la relación entre la depresión y distintos pilares del estilo de vida, incluyendo la actividad física, la alimentación, el sueño, el consumo de tabaco y alcohol, y el capital social. Los resultados muestran que los estilos de vida saludables se asocian con un menor riesgo de depresión, siendo significativas las variables sueño óptimo, no consumo de tabaco y altos niveles de capital social. Además, se observaron diferencias según sexo: en las mujeres, no fumar se asocia a una menor probabilidad de presentar depresión, mientras que en los hombres el factor protector más relevante es la práctica regular de actividad física.
La prevalencia total de depresión en la muestra fue de 11,8%, con una frecuencia mayor en mujeres (14,4%) que en hombres (7,3%). Se observó una alta tasa de inactividad física (40,3%), especialmente entre las mujeres y las personas con depresión. Solo un 16,8% de los participantes presentó una alimentación saludable, proporción que fue aún menor en quienes viven con depresión. En cuanto al descanso, el 53,5% reportó un sueño óptimo, aunque esta cifra descendió a 42,2% entre quienes manifestaban síntomas depresivos. Respecto al consumo de tabaco, un 70% de la muestra se identificó como no fumadora, proporción mayor en las personas sin depresión. Finalmente, un 29,3% presentó niveles altos de capital social, con valores superiores entre quienes no tenían depresión.
Según las investigadoras, estos resultados refuerzan la importancia de promover hábitos saludables como parte de las estrategias de prevención y tratamiento en salud mental. La incorporación de la Medicina del Estilo de Vida en este ámbito permitiría abordar factores protectores que contribuyen al bienestar emocional y reducen el riesgo de depresión en la población adulta chilena.